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La noche del 26 de mayo de 1990, ante un pletórico estadio Cuauhtémoc, Puebla y la Universidad de Guadalajara definían al campeón del futbol mexicano. Las cosas cambian y 25 años después ambos se juegan en la última jornada la permanencia en la Liga MX. ¿Qué significa descender? Inversión de jugadores a la basura, reducción de contratos comerciales, devaluación de la franquicia… y varias familias afectadas.


En los micrófonos de la desaparecida televisora estatal Imevisión, Carlos Albert y José Ramón Fernández llevaron la crónica de la final que ganó Puebla a los Leones Negros (6-4 global) y curiosamente los Camoteros –como en aquella ocasión- tienen todo listo para ser también los triunfadores de la batalla y permanecer en el máximo circuito. Un punto que hagan y todo estará liquidado.


Algo está claro: salvarse cuesta dinero. Entre ambos clubes la suma ascendió a 23.5 millones de dólares únicamente por fichajes de jugadores. Y al final, el gasto de alguno de los involucrados habrá sido inútil.


Para los torneos Apertura 2014 y Clausura 2015, el cuadro de Alfonso Sosa se reforzó con futbolistas de cierta trayectoria y prestigio en el futbol mexicano como Marc Crosas, Héctor Reynoso o Fidel Martínez, además de la capacidad de negociar de su directiva para traer a varios más a préstamo. La inversión en el año llegó a los 11.3 millones de dólares según datos de Transfermarkt


Puebla tampoco escatimó para buscar solventar su crisis deportiva con fichajes. Cuauhtémoc Blanco, Efraín Cortés, Gerardo Espinoza, Flavio Santos, Eisner Loboa y Alfredo Frausto llegaron de forma definitiva, además de los regresos de Matías Alustiza y Hérculez Gómez y algunos futbolistas más cedidos por un año. El desembolso por fichajes fue de 12.2 millones de dólares.


A sólo una fecha de terminar el torneo, el equipo de la Angelópolis tiene el destino en sus manos y los Leones Negros ya no dependen de sí mismos. Si todo marcha conforme a la lógica, la inversión del conjunto dirigido por José Guadalupe Cruz estaría justificada y los millones del cuadro tapatío habrán sido un mal negocio.


Además del gasto en fichajes, el descenso significará la devaluación de la franquicia. En el caso del conjunto tapatío será de los 40 a 8 millones de dólares y del Puebla de 42 a 8.4 de acuerdo con cifras de El Economista.

El personal administrativo también puede ser afectado por la potencial caída de sueldos derivada del descenso, la falta de patrocinios fuertes o cancelación de contratos comerciales. Más de 40 familias se verán involucradas.


“Generalmente son las cabezas, los directivos, quienes mayor responsabilidad cargan en un descenso porque ellos forman los proyectos y de ahí hacia abajo, cuerpo técnico y jugadores”, afirma Carlos Poblete, uno de los protagonistas de aquella final de 1990 y jugador histórico de Puebla.


Pese a esto, al reflexionar sobre un posible descenso de los Camoteros, dice que buscar culpables ya no valdría de nada. “Sin embargo, confío en los muchachos”, concluye. La voz del Búfalo parece una profecía. Apenas un par de días después de la charla con juanfutbol, Puebla venció 2-0 a León y Leones Negros cayó en casa frente a Veracruz.


Las brasas ya queman al cuadro tapatío, que se jugará su vida frente Cruz Azul en la capital, tomando en cuenta que los cementeros buscan amarrar su pase a la liguilla. Los de la Angelópolis no la tienen más fácil en su visita al Santos Laguna, pero su ventaja en el cociente les permite un mayor margen de maniobra. Todo se resolverá este sábado, cuando el verdadero drama del balompié mexicano llegue a su fin.


Autor: Roberto Quintanar

Jaza


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