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Mundial 2026

La experiencia mundialista al estilo Jorge Campos

Te contamos cómo es la experiencia mundialista con uno de los jugadores más icónicos de la Selección Mexicana, Jorge Campos.

Llanely Rangel
La experiencia mundialista al estilo Jorge Campos
© Foto Llanely Rangel La experiencia de Jorge Campos con Visa

Llevo 15 años trabajando en deportes, pero este iba a ser mi primer partido de Copa del Mundo en Monterrey. El Gigante de Acero estaba hasta el tope para el Suecia contra Túnez y yo solo podía pensar en lo mucho que soñé con este momento. 

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Quería llevarme algo icónico a la tribuna, pero también que rindiera homenaje a mis Pumas, porque la verdad, Pumas es mi más grande amor. Desde el aeropuerto el destino me dio una señal y dije: “¡Me voy vestida del Brody, mi gente… hasta con chanclitas!” 

Lo que no calculé fueron los pisotones al brincar festejando goles en el estadio… ¡Ni que los guantes no me dejarían usar el celular! Quedé payasa con mi logística. La buena noticia es que las terminales del estadio usaban contactless y pude comprar mi vaso para el recuerdo. 

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Me tocó atestiguar cómo Suecia le pasó por encima a un Túnez que empezó valiente, pero terminó pidiendo la hora con un 5-1 que incluso le costó el puesto a su entrenador. 

La magia del Brody

El futbol tiene esa magia rara: yo iba con mi playera del Brody y mis chanclas, lista para apoyar al cuadro africano que parecía el rival débil, pero los europeos salieron hechos unos auténticos demonios. Cada gol sueco se sentía como un mazazo en el orgullo de la porra tunecina, que, a pesar de la goleada monumental, jamás dejó de cantar. Se me erizó la piel al ver los rostros de frustración mezclados con puro amor a la camiseta; ahí entiendes que este bendito deporte duele, pero enamora. 

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En el medio tiempo repartimos fotos con los fans que amaron mi outfit. Al final, cuando cayó el quinto gol, decidí guardar el celular por completo para abrazar el momento junto a José y Carlos, mis nuevos hermanos regios de butaca. Entre el olor a cheve, el calorón norteño y los gritos del estadio retumbando a todo lo que da. Me quedó claro que el resultado pasa a segundo término cuando la experiencia de cumplir uno de tus más grandes sueños lo es todo. 

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Ver a los tunecinos aplaudir a su equipo tras el baile de ayer me reinició la vida; fue un recordatorio hermoso de que la pasión no sabe de marcadores. Nos metieron cinco, sí, pero la fiesta de haber estado ahí no nos la quita nadie. 

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En este medio he conocido a muchos enfermos del futbol que aún no cumplen este gran sueño. Me sentí tan afortunada. Cruzo los dedos para que pronto, todos los que comparten este amor por el balón, puedan vivirlo también. ¡Ya verán que sí!