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Ricardo Ferretti, inevitable

Por Emilio Zepeda Quintana



Un día como hoy, pero de 1954, en Rio de Janeiro nació un bebé, el cual crecería para convertirse en una leyenda y uno de los mejores entrenadores del futbol mexicano. Ricardo Ferretti. Siempre de carácter fuerte, de un alto nivel de disciplina y de tupido bigote.


Tan solo un par de semanas atrás, 67 años después de ese invierno del 54, el ahora apodado “Ferguson brasileño” sería el primero en llevar a un equipo mexicano a la gran final del Mundial de Clubes. Si bien no consiguieron el título, demostraron ser un club de élite y disputaron un partido muy cerrado contra el mejor equipo de futbol en la actualidad.


Con una familia exiliada por los horrores de la Segunda Guerra Mundial, desde joven mostró un gran interés en la carrera militar, pero la vida lo llevaría al futbol. En este mundo de patadas y balones incorporaría parte del rigor, la disciplina y la fuerza de carácter, que normalmente se ven en el ejército. Incluso ha llegado a llamar la atención por algunos escándalos relacionados con su personalidad, ya sea en las sesiones de entrenamiento o en alguna rueda de prensa.




La carrera como jugador de Ferretti fue fructífera, pero no hay forma de compararla con el éxito que ha conseguido desde el banquillo. Como futbolista logró coronarse dos veces en el futbol mexicano, ambas con Pumas. Sin embargo, como técnico este número crecería de forma exponencial y lo consiguió con tres equipos distintos, marcando un estilo futbolístico relevante por 24 años.


A pesar de que la opinión popular lo englobe como un personaje enojón, Ricardo no se considera así. La aclaración que hace es que le llegan a molestar mucho algunas actitudes que pueda tener la gente, especialmente si sus jugadores no se entregan al 100% por el equipo. De alguna forma, su dedicación y disciplina, lo ayudaron a superar los distintos obstáculos que se le han presentado en la vida. Claro ejemplo es la forma en la que reaccionó luego de quedarse sin trabajo tras su primera temporada en México.





En 1977, después de jugar con Vasco Da Gama y Bonsucesso, Ferretti llegó a nuestro país como refuerzo del Atlas, que se encontraba en problemas de descenso. Aun con una buena actuación, los rojinegros cayeron a Segunda División y como aquel entonces estaba prohibido que los jugadores extranjeros participaran en la liga de ascenso, de un día para otro se quedó sin trabajo. Con no más de 25 años y en un país extraño, el Tuca pasaría un par de noches en la calle Reforma esperando una respuesta de la embajada brasileña. Por fortuna en poco tiempo se incorporó a Pumas, equipo donde viviría sus mejores momentos como jugador.


Con el club universitario disputó cuatro finales de la Liga MX, consiguiendo dos títulos. Además, cosechó dos Copas de Campeones Concacaf y una Interamericana. Finalmente se retiró en 1991, dando paso a lo que sería una de las mejores carreras técnicas del país, si no es que la mejor.




El Tuca desde el banquillo


Su carrera como estratega inició ese mismo año con la UNAM y desde un principio cosechó buenos resultados. Con buen desempeño, Ferretti se abrió paso hasta uno de los equipos con mayor peso histórico de la liga: Chivas, club con el que conquistó el Torneo Verano 1997, el primero de una larga lista de trofeos al mando de un equipo.


A inicios del milenio tuvo un breve paso por Tigres, pero no conseguiría coronarse. Lo que nadie sabía es que más tarde volvería para arrasar con todos los récords del futbol mexicano. A pesar de que existe el mito de que el Tuca nunca ha sido despedido, él mismo ha aclarado que sí ha perdido su trabajo y de hecho a mediados de los 2000 tuvo periodos muy cortos en varios equipos de la liga, incluyendo al Toluca, con el que conseguiría su primera Copa de Campeones Concacaf y la Copa de Campeones, como entrenador en 2003.



La gente confunde ser despedido a ser continuo. Despedido sí he sido, pero terminados los torneos. No he sido cesado, más bien, pero despedido sí
Ricardo ferretti



En 2006, el destino lo llevó de vuelta a la UNAM. Se hizo cargo de un equipo en riesgo de descender, pero de forma abrupta, comenzaron a obtener mejores resultados, tan buenos que llegaron a la final del Apertura 2007, la cual perdieron contra Atlante.


Un par de años más tarde, continuando con el proyecto universitario, Ferretti se unió a la selecta lista de individuos que habían jugado en Pumas y se coronaron campeones como técnicos. En el Clausura 2009, vencieron a Pachuca y para el Tuca fue su cuarto título como técnico. Curiosamente, fue en la celebración de este campeonato que Leandro Augusto y Sergio Bernal afeitarían el icónico bigote de Ferretti y se convertiría en una tradición.




La tercera es la vencida


Ferretti llegó a Tigres por tercera ocasión en mayo de 2010 y cambió completamente al equipo. Después de quedar fuera de peligro de descender, comenzaron a tomar relevancia en el futbol mexicano y en el Apertura 2011 cosecharon su primer campeonato de liga después de casi 30 años de sequía.


Luego de eso, el equipo regio, bajo el mando del “Ferguson brasileño”, no aflojaría el ritmo y en casi 11 años ininterrumpidos llegarían a 23 finales de distintos torneos coronándose en 12 de ellas: cinco títulos de liga, tres Campeón de Campeones, una Copa MX y una Liga de Campeones de la Concacaf. Todo esto sin dejar de lado que disputó las finales de la Copa Libertadores y del Mundial de Clubes.





En términos individuales, ha sido nombrado mejor director técnico de la Primera División mexicana en cuatro ocasiones y recibió el Balón de Oro por llegar a mil partidos dirigidos en la Liga MX. Actualmente posee el récord por la mayor cantidad de encuentros desde el banquillo, es el segundo entrenador mejor pagado del país con 3.8 millones de dólares anuales y ha establecido un estilo de juego propio, el cual ha demostrado funcionar en distintos momentos de la historia y en distintos niveles de competición.


Aunque a veces se diga que su estilo de juego tiende a ser defensivo, Ferretti ha expresado que siempre instruye a sus jugadores para que todos estén involucrados en el ataque. “El día que me encuentre un jugador, un méndigo jugador, al que le haya dicho que no ataque, me retiro”. No siempre prioriza la posesión del balón sobre una ofensiva más vertical.





Desde cualquier punto de vista, Ricardo Ferretti es nada menos que una auténtica leyenda que sigue acrecentando su legado. En junio de este año vence su contrato, lo que naturalmente, nos hace cuestionarnos si estará pensando en el retiro y, de ser así, ¿alguna vez vendrá alguien que se le pueda asemejar? De cualquier forma, no nos queda más que desearle un feliz cumpleaños a uno de los más grandes.



Emilio Zepeda Quintana

Carlos Pérez


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